Somos Energía: una mirada desde la biofísica cuántica.
Vale… no te asustes.
Tengo que hablarte de esto para que entiendas la foto grande (confía en mí).
Sí, he dicho biofísica cuántica. Pero te prometo que voy a bajarlo tanto a tierra que te parecerá un cuento para principiantes —solo que de esos que te cambian la forma de ver la vida.
No eres solo un cuerpo físico.
Imagina por un momento que no eres solo un cuerpo hecho de huesos, órganos y química.
Imagina que eres también vibración, movimiento, energía.
Y no, no es una metáfora bonita.
Es ciencia.
Albert Einstein lo dijo claro:
“Todo es energía, y eso es todo lo que hay.”
Y Nikola Tesla fue todavía más directo:
“Si quieres descubrir los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración.”
Hoy, la biofísica cuántica empieza a demostrar justo eso que estos genios intuían hace un siglo: Que somos sistemas energéticos y que nuestra salud depende de la coherencia con la que esa energía vibra.
Visualiza tu cuerpo:

De lo grande a lo más pequeño, ves sistemas, órganos, tejidos, células, moléculas, átomos…
Hasta ahí, todo bien.
Pero aquí llega el giro: la física cuántica estudia lo que hay más allá de los átomos.
Y lo que descubre es sorprendente: la materia no es sólida.
Es energía en movimiento, vibrando.
Somos más energía que materia.
(Léelo otra vez, despacio. Sí, lo acabas de sentir).
El físico Niels Bohr, pionero en la comprensión del átomo, lo resumió así:
“Si alguien no queda confundido por la física cuántica, es porque no la ha entendido bien.”
Porque cuando empiezas a mirar el mundo desde aquí… todo cambia.

La biofísica cuántica nos enseña que nuestras células, hechas de átomos, tienen una naturaleza energética.
No funcionan solo con bioquímica: también con campos eléctricos, magnéticos y fotónicos —sí, de luz.
El biofísico Fritz-Albert Popp demostró que el ADN emite luz coherente, como un pequeño láser, que regula funciones biológicas.
A esa luz la llamó biofotones.
Y eso significa algo enorme: nuestras células se comunican no solo con moléculas, sino también con vibraciones, frecuencias y luz.
No somos objetos sólidos desconectados.
Somos campos de energía en relación constante.
Y nuestra salud depende de la coherencia con la que vibramos.
(¿Te suena ese término? Sí, lo vimos en la entrada anterior. La coherencia no es solo emocional: es energética).
Este tema merece que lo escuches con calma.
Por eso, en el episodio de podcast que sale hoy, profundizo en cómo esta visión puede transformar tu manera de entender el cuerpo, la salud y tu poder creativo.
Te prometo que no te dejará indiferente.
Con amor,
Gigi Halabi 💛
Escucha el episodio: Somos energía: una mirada desde la biofísica cuántica
